viernes, 5 de noviembre de 2010

EL USO DE LA AYAHUASCA




Comencemos conociendo el uso social que tiene la ayahuasca para los Shuar.
 Así, los Shuar amazónicos tómanos ayahuasca y tabaco para curarse por medio de la imaginaria. Además, visiones y sueños les indican cómo vengarse, cómo actuar en caso de conflicto o de indecisión, etc. y en este sentido, cabe realizar una distinción entre las finalidades explícitas del uso de ayahuasca entre los adultos, los niños, los jóvenes y los Uwishin.

 Entre los adultos shuar el consumo del ayahuasca actúa como mecanismo de desfogue social: se usa para buscar soluciones inmediatas (para soluciones estos problemas se usa la chicha, el ají o el tabaco) desde un estado de lasitud consciente. Consumen ayahuasca para resolver sus problemas, para reafirmar su cosmovisión y para entrar en contacto con su mundo mítico. Lo toman para hablar de su Arútam, para que les dé poder y para establecer normas y procedimientos sociales, para condicionarse, para reforzar ideas referidas a soluciones y para canalizar procesos mentales en un sentido que podríamos llamar de oniromancia abierta a interpretaciones (lo que ven es parte de lo que tienen que hacer).

Desde la infancia está introducido el vínculo con la sustancia. Esto deja en claro que no estamos hablando de algo reservado para adultos o perteneciente a determinado tipo de categoría social
El contacto con la sustancia está libremente difundido a todo nivel social y sus usos están explicados socialmente de acuerdo a las distintas circunstancias.
 Por su lado, entre los niños se usa la mixtura enteógena para codificar y condicionar conductas. Por ejemplo, se les administra para que los niños pequeños vengan robustos y rápidos, para que sean valientes o para que crezcan siendo buenos cazadores. 

Respecto de los jóvenes, se usa el enteógeno durante la pubertad para reafirmar su identidad ya que, según los shuar, da seguridad en los mecanismos que regulan el comportamiento.
Tradicionalmente, si los niños se comportan de forma molesta para los adultos, se pelean, no quieren comer, o entre la familia hay problemas y tensiones, los shuar suelen decir: a este algo le falta, y lo que le falta, para los shuar, es justamente producir su propia imaginaria mental, tener sueños. Entonces el anciano del grupo familiar suele preguntar retóricamente: “¿cómo hay que provocarle para que no le falte nada?”. La respuesta es conocida de todos: darle a beber jugo de maikiua (Guanto.) o la pócima enteógena de ayahuasca; generalmente se da a beber jugo fresco de guanto. Bajo los potentes efectos visionarios de esta planta enteógena, los niños o adolescentes shuar quedan recostados durante dos o tres días en estado de aparente inconsciencia, tiempo durante el cual por su mente pasan escenas categorizadas como de carácter onírico, cargadas de emotividad, que actúan de catalizador emocional. 

Este -mismo uso onirógeno de las plantas enteógenas está extendido por otros muchos grupos étnicos amazónicos y del resto del mundo.
Finalmente el contexto social ubica el consumo de los Uwishin:


 Los Uwishin o brujos afirman consumir ayahuasca para tener premoniciones: al margen de la aceptación científica o no, los Uwishin ayunan y se preparan para ver, elucubrar e interpretar situaciones presentes o futuras. Además de los usos específicos por grupos de edad, los shuar beben ayahuasca para vomitar ritualmente, y en esta ocasión tan solo hierven la liana Chirikiasu.
Para terminar de comprender el sentido de la sustancia en la cultura shuar citaremos:
Todo ello podría concretarse diciendo, pues, que el ayahuasca es usada para activar mecanismos compensatorios de la conducta, aplicados al autoanálisis y a la búsqueda de resoluciones a los conflictos presentes, tanto de carácter emocional como de carácter adaptativo general.
En este sentido, es importante detenerse un instante en la idea central de todo shuar: la búsqueda del “estar completo”, indicador de plenitud vital y normalidad. 

Todo ser debe ser y estar completo; de lo cual se puede inferir que conciben un orden ontológico implícito, nunca formulado pero siempre presente en su sistema de valores, hacia el cual hay que tender.

 Y si a alguien le falta alguna cosa, debe completarse por medio de la producción onírica o de la imaginaria mental: ahí es donde reside, para los shuar, la clave desde donde se reconstruye la realidad. Para un shuar lo que ha soñado o “visto” bajo los efectos de la substancia enteógena le sucederá justamente porque lo ha visto, no porque esté destinado ineludiblemente a encontrarse con ello en su camino biográfico. Así, si un hombre shuar ha tenido visiones de un final sangriento respecto de alguna de sus correrías guerreras, evitará realizarla o bien consumirá de nuevo ayahuasca para tratar de tener una nueva visión favorable para él, que anule el hado que se había creado con la primera imaginaria tenida.
En este sentido, pues, que alguien tenga “buenos sueños” sobre otros congéneres es algo muy apreciado y deseado, ya que la persona que ha soñado benéficamente sobre otra le ha labrado un futuro deseable.

Para los shuar tienen el mismo sentido y peso biográfico los episodios oníricos tenidos durante el sueño natural que las visiones obtenidas por medio del consumo de ayahuasca. Es exactamente lo mismo. Diríamos que el sujeto lo vive como mensajes llegados de la “misma zona”, por ello se interpretan igual tanto los sueños como las visiones.
Todo ello nos lleva a adentrarnos en otro ámbito propio de la antropología, y para mí uno de los más apasionantes campos de investigación científica: el estudio de las formas de auto-organización del ser humano. 

El consumo de ayahuasca induce una consciencia dialógica que, repito, se resume en la capacidad de dialogar consigo mismo, y que expresado en términos religiosos equivaldría a la repetida afirmación: “Dios está dentro mismo de cada uno”.
Es importante señalar como el estado alterado de consciencia producto del soñar o del efecto de la sustancia tiene el mismo significado y le son asignados lugares similares para la cultura shuar. Otro aspecto que resulta significativo es el concepto de completud y la necesidad de completar lo que falta por medio de la visión alucinada. Esperemos que el lector no deje de tomar en cuenta esto en las próximas páginas.

ESTADOS ALTERADOS DE CONSCIENCIA.

Una vez que hemos presentado el significado de lo onírico para los shuar, concentrémonos momentáneamente en lo que a través de nuestra ciencia se entiende por estado alterado de consciencia:

La conciencia -término polisémico a cual más- no tiene estricto  la misma connotación para las neurociencias, la psicología y la especulación filosófica. 

Para las primeras se trata sin más de un equivalente del estado vigilo. 

La segunda distingue grados en su estructuración y su disolución.

 La tercera reconoce contenidos de conciencia y sólo considera su existencia como la conciencia de algo, como el acto lúcido y libre de aprehensión responsable de la realidad.

Ya aquí nos encontramos con problemas para entender el material que hemos manejado. ¿Puede entenderse la onírica shuar desde los parámetros planteados por la psiquiatría occidental?
Indudablemente no.

De esta manera, toda reflexión sobre el tema tendrá que contemplar a la vez discursos disímbolos y necesarios: la neurofisiología de los niveles de vigilia, la cada vez más rica de la función hípnica, los enfoques basados en la observación clínica y, el delicado problema de la relación cerebro-mente, que plantea el fenómeno mismo de la conciencia y que tiene los visos de ser un insoluble problema epistémico.

Resulta fácil comprender entonces el amplio y variadísimo campo de las alteraciones de conciencia, cuya naturaleza genera el interés de varias disciplinas, desde los trastornos de la somatognosia, de la imagen de sí y de sus partes, que estudia la neuropsicología; los trastornos de la imagen corporal (no superponibles a los anteriores) que son del dominio de la psicopatología; las desregulaciones en el mecanismo de la toma de conciencia, que estudia la psicología genética; las manifestaciones que invaden al consciente y que por disfraz interpósitovo son manifestaciones del proceloso océano de un inconsciente que sólo tiene realidad y sentido en y por el ser consciente, campo electivo del psicoanálisis; y, por fin, el no menos abundante terreno de los trastornos de conciencia generados culturalmente, ya sea por la práctica ascética de la meditación o por la ingestión experimental.
Si bien está incluida la posibilidad de los estados alterados de consciencia asociados consumo de enteógenos, es nuestro parecer que sin salir de los marcos científicos propuestos, no se podrá dar cuenta de la situación a la que estamos haciendo referencia.

¿La finalidad adptógena introspectiva del uso del ayahuasca para los shuar puede ser comprendido solo como una variable más de trastornos de consciencia posibles?

¿Para los shuar, los efectos oníricos de la ayahuasca, son trastornos de conciencia o son estados de vigilia del sujeto?

Nos parece de suma importancia el realizar estos planteos ya que como veremos a continuación, desde el lugar del saber donde nos coloquemos estaremos tomando posición y partido por la forma en cómo será entendido el vínculo de un sujeto con una sustancia.


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